Un gato con la elegancia de un Siamés y las cuatro patas metidas, literalmente, en unos calcetines blancos. Así es el Snowshoe, una raza que nació de una casualidad genética en una camada de Siameses y que, décadas después, sigue siendo una de las más difíciles de criar «a la perfección» de todo el mundo felino.

Origen: una casualidad en una camada de Siameses

La historia del Snowshoe empieza en Estados Unidos, en los años sesenta, cuando la criadora Dorothy Hinds-Daugherty encontró en una de sus camadas de gatos Siameses tres gatitos con algo que no debería estar ahí: las cuatro patas blancas, como si llevaran puestos unos escarpines. En lugar de descartar esa «anomalía», decidió conservarla y fijarla como rasgo, cruzando a esos ejemplares con gatos Americanos de Pelo Corto bicolor. Al principio llamó a la raza «Silver Laces», aunque el nombre no cuajó y terminó imponiéndose Snowshoe, en referencia directa a ese calzado de nieve que parece llevar en las patas.

El camino hacia el reconocimiento oficial fue largo. La raza obtuvo estatus experimental en los años setenta y no alcanzó el campeonato en TICA hasta 1993, tras pasar antes por asociaciones más pequeñas como la CFF, que ya la reconoció en 1983. Hoy la avalan TICA, la ACFA, la WCF, la FIFe y la GCCF, pero sigue sin estar reconocida por la CFA, la asociación felina más grande de Estados Unidos, lo que da una idea de lo minoritaria que sigue siendo esta raza más de sesenta años después de su aparición.

Un patrón que se resiste a las reglas: el "calzado de nieve"

Lo que define a un Snowshoe, más que ninguna otra cosa, es la combinación de dos genes que no suelen llevarse bien entre sí: el patrón colorpoint (el mismo que hace que un Siamés tenga la cara, las orejas, las patas y la cola más oscuras que el resto del cuerpo) y el gen de manchas blancas, responsable de esas cuatro patas níveas. Los gatitos nacen completamente blancos, y las marcas de color empiezan a asomar entre la primera y la tercera semana de vida, para seguir definiéndose durante los primeros años.

El estándar acepta puntas en varios colores (foca, azul, chocolate, lila, canela, rojo o crema), y exige que las cuatro patas luzcan blancas, idealmente en «V» invertida en las delanteras. Ese «idealmente» es la clave de por qué el Snowshoe sigue siendo una raza rara: predecir con exactitud cuánto blanco heredará cada gatito es extremadamente complicado desde el punto de vista genético, así que muchos ejemplares nacen preciosos pero fuera del estándar de exposición, aunque sin que eso afecte lo más mínimo a su salud ni a su carácter.

Físicamente es un gato de tamaño medio-grande: los machos suelen pesar entre 4 y 5,5 kg y las hembras entre 3 y 4,5 kg, con un cuerpo que combina la longitud propia del Siamés con algo más de corpulencia heredada del Americano de Pelo Corto. La cabeza tiene forma de cuña suavizada, mucho menos angulosa que la de un Siamés moderno, orejas medianas y unos ojos siempre azules, de forma almendrada.

Carácter y temperamento

El Snowshoe conserva buena parte de la personalidad de su antepasado Siamés (curiosidad, apego intenso a su familia, cierta vocalidad), pero suavizada: maúlla con menos insistencia y tiene un temperamento más tranquilo y equilibrado. Es un gato sociable que lleva mal la soledad prolongada y agradece un hogar con movimiento, ya sea de personas, de otros animales o de ambas cosas. Su inteligencia es notable: aprende trucos con facilidad y hay ejemplares capaces de abrir puertas o cajones por su cuenta, así que conviene tenerlo en cuenta antes de confiar en que una puerta cerrada vaya a seguir estándolo.

Un rasgo curioso, y poco habitual fuera de un puñado de razas como el propio Van Turco, es su gusto por el agua: no es raro que un Snowshoe juegue con un grifo abierto o se anime a meter las patas en un recipiente con agua. Los machos, además, pueden mostrarse algo territoriales con otros gatos, algo a valorar si ya hay más felinos en casa.

Cuidados y salud

Es una raza agradecida en el día a día: su pelaje corto y sin apenas subpelo denso apenas necesita mantenimiento, y con cepillados ocasionales basta para mantenerlo en buen estado. Donde sí conviene prestar atención es en la dieta y la hidratación, ya que el Snowshoe aparece señalado en varios estudios como una raza algo sobrerrepresentada en casos de urolitiasis por urato (cálculos en la vejiga), por lo que una dieta adecuada y acceso constante a agua fresca son especialmente importantes. Fuera de eso, es una raza longeva: puede vivir entre 15 y 20 años con buenos cuidados generales y revisiones veterinarias regulares.

Snowshoe: hijo directo del Siamés y del Americano de Pelo Corto

A diferencia de otros cruces de esta web con parentescos más lejanos o incluso con sangre de gato salvaje de por medio, el Snowshoe es una combinación muy directa de dos razas de sobra conocidas: el Siamés, del que hereda la silueta, los ojos azules y buena parte del carácter, y el Americano de Pelo Corto, que aporta corpulencia y un temperamento más templado. Es, en cierto modo, un término medio entre ambos: ni tan estilizado y demandante como un Siamés puro, ni tan robusto y reservado como un Americano de Pelo Corto.

¿Es el Snowshoe la raza adecuada para ti?

Encaja bien con quien busca un gato sociable, cariñoso e inteligente, pero sin el temperamento tan intenso y vocal de un Siamés puro; también es una buena opción para hogares donde el gato no vaya a pasar largas horas solo. Si además te atrae la idea de un gato con una genética peculiar, capaz de sorprender con el dibujo de sus patas cada vez que tiene una camada, esta es una raza con mucho que ofrecer, aunque encontrar un criador serio pueda llevar tiempo dado lo minoritaria que sigue siendo. Si buscas, en cambio, un gato de baja demanda social que apenas note tu ausencia, probablemente no sea la compañía más adecuada.