Hay gatos grises, y luego está el Cartujo: un azul plomizo con reflejos plateados, cara redonda con boca pequeña que parece dibujar una sonrisa permanente, y un carácter tan discreto que muchos ejemplares apenas maúllan en toda su vida. Es una de las razas francesas más antiguas que existen, y también una de las que más veces se confunde con otras razas grises.

Origen: entre la leyenda de los monjes y la Francia real

La leyenda más repetida sobre el Cartujo dice que los monjes cartujos lo trajeron a la Grande Chartreuse, su monasterio en los Alpes franceses, y que de ahí viene tanto su nombre como el de la raza. Es una historia bonita, pero con un problema: en 1972 el propio prior de la cartuja negó que existiera ninguna relación real entre los monjes y estos gatos. El origen exacto sigue sin estar claro; la primera mención escrita de un gato de este tipo aparece en 1558, en un poema del francés Joachim du Bellay dedicado a la muerte de su gata, y en el siglo XVIII el naturalista Buffon ya describía a este gato azul francés con detalle.

Lo que sí se sabe con certeza es que la cría selectiva empezó en Francia en la década de 1920, partiendo de colonias de gatos azules que ya se reproducían de forma natural con un tipo bastante uniforme. La raza estuvo a punto de desaparecer dos veces: tras la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, después de la Segunda, cuando las colonias salvajes prácticamente se extinguieron en el continente. Sobrevivió gracias a un puñado de criadores europeos y, según se cuenta, a una colonia conservada por las hermanas Léger en la isla bretona de Belle-Île-en-Mer. Los primeros ejemplares llegaron a Estados Unidos en 1970-1971, y la CFA le concedió el estatus de campeonato en 1987.

Un detalle curioso de la cría francesa de Cartujos: los gatitos nacidos cada año se nombran con una letra concreta, correlativa, saltándose la K, la Q, la W, la X, la Y y la Z, así que el nombre de un gatito revela más o menos en qué año nació.

Aspecto físico: el gato con cara de sonrisa

El Cartujo tiene un cuerpo tipo "cobby", es decir, compacto, musculoso y de patas cortas y fuertes, con hombros anchos y pecho profundo. Los machos son notablemente más grandes que las hembras y tardan más en madurar, llegando a pesar hasta 6,3 kg, con un pico de desarrollo que se completa cerca de los dos años de edad.

El pelaje es corto o semicorto, de textura ligeramente lanosa, con un subpelo denso e impermeable y una capa externa protectora que forma unas marcas parecidas a las de una piel de oveja en el cuello y los costados. El color es siempre azul-gris, desde tonos ceniza hasta pizarra, con pelo de guarda de reflejos plateados; la nariz es gris pizarra, los labios azulados y las almohadillas de un rosa apagado. Los ojos, redondos y bien abiertos, van del dorado al cobre, siendo el naranja intenso el tono más valorado en el estándar.

La cabeza, ancha y redondeada, con mandíbula potente y mejillas llenas, junto con un hocico pequeño y estrecho, es lo que le da ese aire de estar sonriendo todo el tiempo, una de las señas de identidad más fotografiadas de la raza.

Carácter: el gato que casi no maúlla

Los Cartujos tienen fama merecida de ser gatos tranquilos, de una calma casi digna. Muchos ejemplares son prácticamente mudos: ronronean, pero apenas maúllan, y se comunican más con murmullos, chasquidos y lenguaje corporal que con la voz. Eso no significa que sean fríos, al contrario: forman vínculos muy fuertes, sobre todo con una persona de referencia, aunque se muestran cariñosos con el resto de la familia, incluidos niños y otros animales.

Es un gato juguetón durante toda su vida, con una vena bastante "perruna": algunos ejemplares aprenden a traer objetos, responden a su nombre o se dejan pasear con arnés sin mayor problema. Viajan bien y se adaptan con facilidad a cambios de rutina, lo que los convierte en una raza cómoda para quien tiene una vida activa.

No es casualidad que varias figuras históricas francesas tuvieran debilidad por esta raza: la escritora Colette convirtió a una gata Cartuja en protagonista de su novela "La Chatte", el poeta Charles Baudelaire también tuvo uno, y el propio Charles de Gaulle compartía casa con un Cartujo llamado Gris-Gris que, según se cuenta, lo seguía de habitación en habitación.

Cuidados y salud

El pelaje del Cartujo pide poco esfuerzo día a día: con un cepillado ocasional con un peine de dientes anchos basta para evitar nudos y reducir la muda, salvo en primavera y otoño, cuando pierde pelo con más intensidad y conviene cepillarlo más a menudo. Gracias a su capa impermeable, apenas necesita baños; eso sí, esa misma densidad de subpelo hace que no sea una raza recomendable para personas alérgicas, aunque a veces se la presente como hipoalergénica por tener el pelo corto.

Es, en general, una raza sana. El problema más citado es la luxación patelar (la rótula se desplaza de su sitio, causando cojera intermitente), una condición hereditaria que puede detectarse con una revisión veterinaria; los casos leves no suelen limitar la movilidad, pero sí descartan a ese ejemplar para la cría. También se han descrito casos de poliquistosis renal en la raza, y existe cierta tendencia al sobrepeso en la edad adulta, por lo que conviene vigilar la ración diaria. Con buenos cuidados, un Cartujo vive entre 12 y 15 años, y no faltan ejemplares que llegan bastante más lejos.

Cartujo, Azul Ruso y British Shorthair: tres grises que se confunden

Si has llegado hasta aquí buscando "gato gris" es fácil que también te hayas topado con el Azul Ruso o el British Shorthair, las otras dos razas grises con las que más se confunde al Cartujo. La diferencia más fácil de detectar está en el cuerpo y la cara: el Cartujo es más compacto y musculoso que el estilizado Azul Ruso, y tiene un hocico bastante más estrecho que el British Shorthair, cuya cara es más redonda y achatada. El color de ojos también ayuda: el Cartujo los tiene dorados o cobre, mientras que el Azul Ruso suele lucir un verde brillante muy característico.

¿Es el Cartujo la raza adecuada para ti?

Encaja bien en hogares tranquilos que buscan un gato cariñoso pero no invasivo, capaz de pasar tiempo a solas sin agobiarse y sin llenar la casa de maullidos. También es una raza agradecida para quien no tiene demasiado tiempo para dedicar al cepillado diario. Si por el contrario buscas un gato muy hablador y expresivo con la voz, o de pelaje realmente apto para alérgicos, esta raza probablemente no sea la más adecuada. Como con cualquier raza, antes de decidirte por un ejemplar de pedigrí merece la pena valorar también la adopción de un gato de pelaje gris en un refugio: no tendrá papeles, pero puede compartir buena parte del carácter tranquilo que hace tan querido al Cartujo.