Con sus patas cortas y ese andar tan particular, el Munchkin es una de las razas de gato más buscadas en internet, casi siempre por pura curiosidad: ¿cómo se maneja un gato con patas de esa longitud? La respuesta sorprende a casi todo el mundo, pero antes de enamorarse de su aspecto conviene conocer también la parte menos fotogénica de su historia: la que tiene que ver con su columna vertebral.
Origen y aspecto físico
El Munchkin nace de una mutación genética espontánea y de carácter dominante que interfiere en el desarrollo normal de los huesos largos de las patas, un mecanismo emparentado con la acondroplasia. No es, ni mucho menos, la primera vez que aparece: ya en la década de 1940 se documentaron en el Reino Unido gatos callejeros con esta misma característica, aunque aquellas líneas no sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. La raza tal y como se conoce hoy arranca en 1983, cuando la profesora Sandra Hochenedel encontró en Louisiana (Estados Unidos) a una gata callejera preñada de patas extremadamente cortas, a la que llamó Blackberry. La mitad de su camada nació con las mismas patas cortas, y uno de esos gatitos, un macho llamado Toulouse, se convirtió en el semental fundador de la raza moderna en Norteamérica. Mantiene el cuerpo y la cabeza de tamaño normal, lo que junto a las patas cortas le da una silueta muy particular, casi de salchicha con bigotes. Existen variedades de pelo corto y semilargo, y el color y patrón del pelaje pueden ser prácticamente cualquiera, ya que la raza se ha desarrollado siempre cruzando con gatos domésticos de tipo variado en lugar de cerrar la genética entre patas cortas.
Reconocimiento oficial y por qué sigue siendo una raza polémica
TICA (The International Cat Association) aceptó al Munchkin en su programa de nuevas razas en 1994 y le concedió el estatus de campeonato en 2003, lo que le permite competir en sus exposiciones. Sin embargo, ni la Fédération Internationale Féline (FIFe) ni la británica Governing Council of the Cat Fancy (GCCF) lo reconocen como raza, y ambas lo citan expresamente como ejemplo del tipo de mutación que sus políticas de bienestar prohíben promover: una anomalía estructural convertida en la seña de identidad de la raza. No es el único caso de una raza felina construida alrededor de una mutación esquelética que genera este tipo de debate; el Scottish Fold, con sus orejas dobladas, enfrenta una discusión muy parecida en el mundo felino, aunque el origen genético del problema sea distinto en cada caso.
Carácter y personalidad
Aquí está la parte que sorprende a casi todo el mundo: el Munchkin no se mueve con lentitud ni limitación pese a sus patas cortas. Es juguetón, curioso y corretea por la casa con total normalidad, solo que con un estilo de carrera distinto al de otros gatos, más parecido al de un hurón que al de un felino convencional. Es también sociable, cariñoso y se adapta bien a la vida familiar, sin mostrar signos de complejo por su altura; muchos ejemplares disfrutan sentándose sobre los cuartos traseros, como una ardilla, para observar mejor su entorno, una postura que se ha convertido casi en marca de la raza.
Salud: lo que dice la ciencia sobre su columna
Este es el punto que hay que tratar con honestidad antes de decidirse por un Munchkin. La misma mutación que acorta las patas se ha relacionado con una mayor incidencia de lordosis, una curvatura anómala de la columna en la zona lumbar que en casos leves no genera problemas visibles, pero que en casos más severos puede llegar a comprimir el pecho contra el corazón y los pulmones, causando dificultad respiratoria e incluso, en gatitos muy afectados, la muerte prematura. También se ha documentado una mayor frecuencia de pectus excavatum, una deformidad del esternón que hunde el pecho hacia dentro y reduce el espacio disponible para el corazón y los pulmones, diagnosticable ya en las primeras semanas de vida y que en casos moderados o graves puede requerir cirugía correctora entre las 8 y las 12 semanas de edad. A largo plazo, la forma de caminar y de repartir el peso también se asocia con un mayor riesgo de artrosis en las articulaciones. Esto no significa que todos los Munchkin sufran estos problemas; muchos llevan una vida completamente normal y activa. Pero sí significa que la responsabilidad recae en elegir un criador que haga radiografías de columna a los reproductores antes de emparejarlos, que evite cruzar dos gatos de patas cortas entre sí (algo que además puede resultar letal para las crías) y que ofrezca seguimiento veterinario, con revisiones y controles de imagen periódicos, durante toda la vida del gato.
Cuidados que necesita
Su pelaje, corto o semilargo según la línea, no requiere cuidados especiales más allá de un cepillado regular semanal, algo más frecuente en las variedades de pelo semilargo. Conviene facilitarle rampas o escalones bajos para que acceda a camas, sofás o ventanas sin tener que dar saltos que fuercen la columna, y vigilar el peso de cerca, porque el sobrepeso multiplica la carga sobre unas articulaciones que ya parten con una biomecánica poco habitual. También conviene elegir arenero, comedero y bebedero de bordes bajos, ya que a algunos ejemplares les cuesta más maniobrar en recipientes altos o estrechos que a un gato de patas convencionales. Si lo que te atrae es el aspecto del Munchkin pero prefieres un pelaje más largo y una carita más achatada, existe además el Napoleon o Minuet, un cruce entre Munchkin y Persa que combina ambos rasgos.
¿Es la raza ideal para ti?
Si te atrae su aspecto característico y, sobre todo, estás dispuesto a informarte a fondo y a exigir pruebas de salud de la línea antes de adoptar, el Munchkin ofrece toda la personalidad juguetona de un gato normal en un formato que no deja indiferente a nadie que lo ve por primera vez. Si prefieres evitar cualquier raza construida sobre una mutación esquelética con implicaciones de salud documentadas, es perfectamente comprensible, y en el listado de razas de la web encontrarás alternativas igual de cariñosas sin ese debate de por medio, que también puedes cotejar directamente con el Munchkin en el comparador de razas.