Con manchas que recuerdan a las de un guepardo y el porte de un gato grande y musculoso, el Cheetoh nace de juntar dos de los cruces con aspecto más salvaje del mundo felino: el Bengalí y el Ocicat. El resultado es, contra todo pronóstico, uno de los gatos más tranquilos y sociables de todo el catálogo de cruces con aspecto exótico.
De dónde viene este cruce
El Cheetoh se creó en 2003, cuando la criadora estadounidense Carol Drymon, de la cattery Wild Haven Exotics, cruzó deliberadamente un macho Ocicat con una hembra Bengalí buscando combinar lo mejor de ambas razas: el patrón moteado tan llamativo del Bengalí con la sociabilidad, el tamaño y el carácter más manejable del Ocicat. Según cuenta la propia criadora, consiguió fijar el tipo que buscaba en apenas 18 meses de trabajo. Su nombre es un guiño directo al guepardo (cheetah, en inglés) por el parecido de su pelaje moteado con el del felino salvaje africano, aunque, como veremos, el Cheetoh no tiene ni una gota de sangre de gato salvaje más allá de la que ya aporta el propio Bengalí.
Aspecto físico
Es un gato de tamaño medio a grande, musculoso, con la cabeza en forma de cuña y las orejas bien separadas y algo inclinadas hacia los lados. Su pelaje corto y brillante presenta manchas grandes e irregulares repartidas por todo el cuerpo, muy parecidas al moteado de un guepardo, lo que le da ese aspecto tan llamativo y lo distingue de las rosetas más definidas del Bengalí puro.
Dos razas, dos historias: por qué el Cheetoh no es tan "salvaje" como parece
Aunque su aspecto sugiera lo contrario, conviene aclarar de dónde viene realmente cada mitad de esta mezcla. El Bengalí sí tiene un ancestro salvaje real: nació en 1963 cuando la criadora Jean Mill cruzó un gato doméstico con un gato leopardo asiático (Prionailurus bengalensis), y esa genética salvaje, muy diluida ya tras varias generaciones de cría, es la que aporta el patrón moteado. El Ocicat, en cambio, pese a su nombre (inspirado en el ocelote por pura coincidencia estética), es una raza cien por cien doméstica: nació en 1964 de forma casi accidental, cuando la criadora Virginia Daly intentaba crear un Siamés con las marcas del Abisinio y obtuvo, en la segunda generación, un gatito moteado al que su hija apodó cariñosamente "ocicat". Ese primer ejemplar, Tonga, dio origen a una raza formada por completo a partir de Siamés, Abisinio y Americano de Pelo Corto, sin una sola gota de sangre de felino salvaje. El Cheetoh combina así la genética de gato leopardo asiático ya muy diluida que aporta el Bengalí con la total domesticidad del Ocicat, lo que explica ese carácter tan tranquilo pese al aspecto tan llamativo.
Carácter
A pesar de las apariencias, el Cheetoh hereda la inteligencia y la lealtad del Bengalí junto a la docilidad y la vocalidad simpática del Ocicat, dando como resultado un gato sociable, cariñoso y bastante tranquilo para lo que su aspecto exótico sugiere a primera vista. Se lleva bien con niños y otras mascotas, disfruta mucho de la compañía humana y suele seguir a sus dueños por la casa con una actitud casi perruna.
Cuidados que necesita
Su pelaje corto no da apenas trabajo: con un cepillado ocasional, una vez cada una o dos semanas, es suficiente para mantenerlo brillante. Como el resto de razas con aspecto salvaje, agradece juguetes interactivos y rascadores altos para gastar energía y trepar, aunque su nivel de actividad general es más moderado que el de un Bengalí puro, así que no necesita el mismo nivel de estímulo constante.
Estado de reconocimiento: una raza aún en desarrollo
El Cheetoh es todavía una raza muy joven dentro del mundo felino. TICA lo tiene registrado dentro de su categoría de "Nueva Raza Experimental", lo que significa que puede inscribirse y participar en exposiciones no competitivas, pero aún no compite oficialmente en categoría de campeonato. Esto se traduce en la práctica en pocos criadores serios, sobre todo concentrados en Estados Unidos, listas de espera largas y precios elevados en comparación con otros cruces más establecidos. Si te decides por uno, conviene tener paciencia y asegurarte de que el criador realice pruebas de salud tanto en la línea Bengalí como en la Ocicat de sus reproductores.
¿Es el cruce ideal para ti?
El Cheetoh es una buena opción para quien quiere ese punto de exotismo visual (parecido al que ofrece el Savannah, aunque con un origen y un temperamento bastante distintos) sin renunciar a un carácter fácil y familiar. Es todavía una raza poco extendida, así que encontrar criadores serios puede llevar tiempo y presupuesto, pero para quien valora tanto el aspecto como la convivencia tranquila, la espera suele merecer la pena.