El Ocicat es uno de esos cruces que engañan a primera vista: su pelaje moteado recuerda al de un ocelote salvaje, pero no tiene ni una gota de sangre de gato salvaje. Es, de principio a fin, un gato cien por cien doméstico diseñado (de hecho, por accidente) para parecer justo lo contrario. Y lo curioso es que ni siquiera nació con esa intención: el primer Ocicat de la historia fue un "error" genético que terminó gustando tanto que se convirtió en raza.

De dónde viene este cruce

La historia tiene nombre y apellido: la criadora estadounidense Virginia Daly, del criadero Dalai, en 1964. Su objetivo no era crear el Ocicat, sino conseguir un gato Siamés con los puntos de color de un Abisinio. Para ello cruzó un macho Abisinio ruddy portador de cinnamon, llamado Dalai Deta Tim of Selene, con una hembra Siamesa seal point, Dalai Tomboy Patter. De aquella primera camada nacieron gatitos con aspecto de Abisinio, y Virginia Daly se quedó con una hembra, Dalai She, que después cruzó con un macho Siamés chocolate point.

En esa segunda camada apareció la sorpresa: un gatito marfil con manchas doradas que no se parecía a ninguna de las dos razas de partida. Fue la propia hija de Virginia Daly quien, al verlo, dijo que parecía un ocelote, y de ahí salió el nombre "Ocicat". Aquel primer ejemplar, bautizado Tonga, terminó castrado y viviendo como gato de compañía, porque en un principio nadie pensaba en crear una raza nueva. Pero el resultado gustó tanto que Virginia Daly repitió la cruza, y más adelante se incorporó el Americano de Pelo Corto para reforzar el tamaño, la complexión y ampliar la gama de colores, incluido el plateado. TICA concedió al Ocicat el estatus de campeonato en agosto de 1986, y la CFA hizo lo propio en 1987.

Pese a su aspecto llamativo, el Ocicat nunca ha sido una raza especialmente numerosa fuera de Estados Unidos: hoy está reconocida por las principales asociaciones felinas internacionales, incluidas la FIFe y la WCF en Europa, pero sigue considerándose minoritaria en comparación con el Bengalí o el Maine Coon. En parte se debe a que conseguir el patrón moteado limpio y bien definido, sin que se note demasiado el atigrado clásico de fondo, sigue siendo un reto genético para los criadores, incluso más de sesenta años después de aquella primera camada de Virginia Daly.

Aspecto físico

Su seña de identidad son las manchas o "rosetas" repartidas por todo el cuerpo, herencia del patrón ticked del Abisinio combinado con genes atigrados clásicos. Es un gato grande y musculoso: los machos suelen rondar los 4,5-7 kg y las hembras entre 2,7 y 5,5 kg, con un cuerpo atlético y de huesos fuertes que en movimiento recuerda de verdad a un pequeño felino salvaje. Se reconocen doce colores distintos, desde el chocolate y el canela hasta el plateado, siempre con el patrón moteado como denominador común. Los ojos, grandes y almendrados, pueden ser de cualquier color menos azul.

Carácter

Hereda la sociabilidad y la vocalidad del Siamés, la curiosidad casi insaciable del Abisinio, y añade una lealtad casi perruna: muchos Ocicats siguen a su persona de referencia por toda la casa, responden a su nombre, aprenden a jugar a buscar objetos y hasta se pueden pasear con arnés sin demasiado esfuerzo. Es un gato inteligente que se aburre (y lo demuestra) si no tiene estímulo suficiente, y que disfruta genuinamente del adiestramiento en positivo, algo poco habitual incluso entre razas consideradas "listas". No es raro que aprenda a chocar la patita, a sentarse a la orden o a acudir corriendo al oír su nombre, y muchos propietarios lo describen directamente como el gato más parecido a un perro que han tenido nunca. Tampoco le asusta el agua tanto como a otros gatos: algunos ejemplares meten las patas en el bebedero o se asoman a la bañera solo por curiosidad.

Salud y esperanza de vida

El Ocicat es, en general, una raza sana, con una esperanza de vida que suele moverse entre los 12 y los 18 años. Aun así, al llevar genética de Abisinio, Siamés y Americano de Pelo Corto, hereda también algunas de las predisposiciones de sus razas fundadoras. La más relevante es el déficit de piruvato quinasa (PKDef), un trastorno hereditario procedente de la línea Abisinia que puede provocar anemia hemolítica; existe test genético para detectarlo antes de criar. También se vigila la miocardiopatía hipertrófica (HCM) y, en menor medida, la atrofia progresiva de retina (PRA). Como en cualquier raza de pelaje corto y actividad alta, conviene prestar atención al peso: es un gato con apetito y cierta tendencia a ganar kilos si no hace suficiente ejercicio. También se observa en la raza cierta predisposición a la enfermedad periodontal, así que, además de vigilar la báscula, no conviene descuidar la limpieza dental regular.

Cuidados que necesita

Su pelaje corto apenas requiere cepillado (con una vez a la semana es más que suficiente para retirar pelo muerto), pero su mente activa sí necesita atención diaria: juguetes interactivos, sesiones de caza simulada con varitas y, si es posible, algo de adiestramiento básico, algo que este cruce suele disfrutar y aprender con facilidad. Un Ocicat sin estímulos tiende a buscarlos por su cuenta, y no siempre de la forma que a su familia le gustaría. Dado su apetito y su gusto por la comida, los comederos interactivos o de liberación lenta son una buena herramienta tanto para mantenerlo entretenido como para controlar el ritmo al que come y ayudar a prevenir el sobrepeso.

Precio orientativo

Un gatito de Ocicat con pedigrí ronda entre 800 y 1.500 dólares en Estados Unidos, con ejemplares de coloración poco común o línea de exposición acercándose a los 2.000. En Europa, incluida España, los precios de criadores registrados suelen moverse en un rango similar, normalmente entre 800 y 1.500 euros, aunque conviene contar con que la disponibilidad de esta raza es bastante más limitada que la de razas más populares como el Bengalí o el Maine Coon, así que puede haber lista de espera.

¿Es el cruce ideal para ti?

Si te atrae la estética salvaje pero no quieres nada de temperamento impredecible, el Ocicat es de las opciones más equilibradas: aspecto llamativo, carácter sociable y una inteligencia que hace que la convivencia sea, además, entretenida. Si lo que de verdad buscas es ese parecido a un felino salvaje llevado al extremo, quizá te interese comparar el Ocicat con el Cheetoh, que de hecho utiliza al propio Ocicat entre sus razas de partida; pero si prefieres un gato con un historial genético cien por cien doméstico y bien documentado, el Ocicat es una apuesta más segura y accesible.