Busca fotos del gato Burmés en internet y verás animales con caras bastante distintas entre sí. No es un error de Google: esta raza se cría oficialmente con dos estándares diferentes a un lado y otro del Atlántico, y ambos son "Burmés" de pleno derecho. Es una de las razas de pelo corto con más carácter que existen, heredera directa de una sola gata que cruzó el océano en 1930.

Origen: la historia de Wong Mau

Toda la raza moderna desciende de un único animal: Wong Mau, una gata de color marrón oscuro que el psiquiatra y oficial naval Joseph Cheesman Thompson trajo a San Francisco en 1930 tras un viaje por Birmania (la actual Myanmar), cerca de la frontera con Tailandia. Thompson cruzó a Wong Mau con Tai Mau, un Siamés seal point, y después cruzó a las crías con la propia Wong Mau para fijar ese tono marrón oscuro tan particular, conocido en genética felina como "sepia".

La CFA reconoció la raza en 1936, pero la suspendió apenas diez años después: los criadores habían recurrido a tantos cruces con gatos Siameses para aumentar la población que el tipo original se había diluido casi por completo. Hubo que reconstruir líneas de Burmés puro desde cero, y la CFA no le devolvió el reconocimiento pleno hasta mediados de los años cincuenta.

Dos razas en una: el Burmés británico y el americano

Aquí está la clave de esas fotos tan distintas: existen dos estándares oficiales. El tipo británico o tradicional es más estilizado, con cuerpo alargado, cabeza en forma de cuña, orejas grandes y puntiagudas, hocico largo y ojos almendrados. El tipo americano o contemporáneo, en cambio, es notablemente más compacto, con la cabeza más ancha y redondeada, ojos redondos y un hocico corto y achatado. Ambos pesan más de lo que parece a simple vista: entre 4 y 6 kg, con una musculatura tan densa que a la raza se la describe a menudo como "un ladrillo envuelto en seda".

Originalmente el único color aceptado era el marrón oscuro (sable, también llamado seal o brown), pero hoy los estándares admiten también chocolate, lila, azul, rojo, crema, variantes tortuga y colores más recientes como canela, fawn, caramelo, albaricoque o russet, aunque qué colores se aceptan exactamente depende de cada asociación felina.

Carácter: energía de cachorro para toda la vida

El Burmés es de los gatos más sociables que existen: inteligente, algo cabezota y con una energía casi de cachorro que no decae con los años. Le encanta jugar a buscar objetos o a perseguir, aprende trucos con facilidad y busca activamente el contacto con su familia, hasta el punto de que se le compara a menudo con un perro por lo mucho que sigue a su gente por la casa. Es vocal, aunque con una voz más suave que la de su pariente el Siamés, y lleva muy mal quedarse solo: los periodos largos de soledad pueden derivarle ansiedad por separación y comportamientos como un acicalamiento excesivo.

Cuidados y salud

El pelaje corto y satinado del Burmés apenas da trabajo: basta con pasarle la mano o un guante de cerdas de vez en cuando para mantenerlo brillante, sin necesidad de cepillados profesionales. El punto al que sí hay que prestar atención es la comida, ya que es una raza de buen comer con tendencia a coger peso si no se controlan las raciones.

En cuanto a salud, conviene conocer varios puntos antes de adoptar uno. La diabetes aparece con más frecuencia que en la población felina general: un estudio británico encontró diabetes en el 2,27% de los Burmés frente al 0,58% de media en todas las razas, y un estudio australiano llegó a situar la cifra en un 22,1%. También existe el llamado "defecto craneal del Burmés", una malformación grave y mortal ligada al gen ALX1 que aparece cuando el gatito hereda dos copias del gen responsable de la cara achatada del tipo contemporáneo, motivo por el cual los criadores serios evitan cruzar entre sí a dos ejemplares con ese rasgo muy marcado. Se han descrito además casos del síndrome de dolor orofacial felino en algunas líneas británicas, y la variante americana de la raza figura entre las de menor diversidad genética de las estudiadas hasta ahora. Un estudio británico sobre esperanza de vida situó la media del Burmés en 14,42 años, la más alta de ese estudio en concreto, aunque otras fuentes veterinarias hablan de un rango de hasta 15-20 años en ejemplares sanos.

El Burmés, padre de otras dos razas de esta web

El Burmés no es solo una raza en sí misma: es uno de los progenitores de otras dos razas que ya tienes en esta web. El Tonkinés nace precisamente de cruzar Burmés con Siamés, buscando un punto intermedio de carácter y de color entre ambos. El Bombay, por su parte, surge de cruzar Burmés con Americano de Pelo Corto negro, con el objetivo de conseguir una miniatura doméstica de pantera negra. Si te ha gustado el carácter del Burmés pero buscas un aspecto distinto, cualquiera de los dos merece un vistazo.

¿Es el Burmés la raza adecuada para ti?

Encaja muy bien con quien busca un gato prácticamente pegado a las piernas todo el día, activo, juguetón y con mucha personalidad, y que además tenga tiempo real para dedicarle compañía, ya que no lleva bien quedarse solo largas horas. También conviene tener controlada la báscula, dado lo aficionado que es a comer. Si buscas un gato independiente al que no le importe pasar el día solo en casa, el Burmés no es la mejor opción; para todo lo demás, pocas razas dan tanto a cambio de tan poco mantenimiento en el pelaje.