Si buscas "gato Singapura" en Google, no eres el único: en un análisis de Google Trends que repasó las búsquedas de 40 razas de gato en 177 países entre 2022 y 2023, el Singapura resultó ser la raza más buscada en seis de ellos, por delante de razas mucho más conocidas en esos mercados. Y sin embargo, fuera de los círculos de criadores casi nadie sabe identificarlo. Parte del misterio tiene una explicación física: es la raza de gato doméstico más pequeña que existe, con hembras adultas que a veces no llegan a los dos kilos. La otra parte tiene que ver con una historia de origen que, cuanto más se investiga, más preguntas deja abiertas.

Origen y aspecto físico

La versión que se ha contado durante décadas dice que el matrimonio formado por Hal y Tommy Meadow, que vivía en Singapur por trabajo, se encontró a mediados de los años 70 con unos gatos pardos de pelaje moteado que sobrevivían en las alcantarillas y callejones de la ciudad, motivo por el que allí se les conocía como "drain cats". En 1975 la pareja se llevó tres ejemplares a Estados Unidos y empezó con ellos un programa de cría que en 1981 se reforzó con un cuarto gato importado directamente de la protectora de animales de Singapur. De ahí viene el nombre de la raza: Singapura es la palabra malaya para Singapur, y en la propia ciudad se le acabó apodando "Kucinta", una mezcla de "kucing" (gato) y "cinta" (amor) que en 1991 llegó a convertirse en mascota oficial del turismo singapurense, con esculturas suyas repartidas junto al río.

Físicamente es difícil confundirlo con otra raza. Los machos adultos rondan los 2,7 kilos y las hembras se quedan alrededor de 1,8 kilos, muy por debajo de la media de cualquier gato doméstico. Tiene el cuerpo compacto y musculoso, la cabeza redondeada y unos ojos almendrados grandes para el tamaño de la cara, normalmente en tonos avellana, verde o amarillo. Las orejas también llaman la atención: grandes, muy cóncavas y ligeramente apuntadas, le dan un aire de estar siempre alerta. El pelaje es cortísimo y pegado al cuerpo, y luce el patrón que define a la raza: el "sepia agutí", un ticking marrón oscuro sobre un fondo marfil cálido, con cada pelo mostrando al menos dos bandas de color. Es el único color y patrón que aceptan los estándares oficiales de la raza.

El debate sobre su origen

La historia de las alcantarillas de Singapur suena bien, pero tiene grietas que los propios criadores han ido documentando durante años. En 1987, el criador Jerry Mayes viajó a Singapur buscando más ejemplares y, en lugar de eso, encontró papeles de importación que mostraban que los tres gatos fundadores habían salido antes desde Estados Unidos hacia Singapur, no al revés, y que estaban registrados como Abisinios. Como los Meadow habían criado antes gatos Abisinios, Burmeses y Siameses, la sospecha de que el Singapura fuera en realidad un cruce fabricado en Estados Unidos, y no un gato callejero singapurense, empezó a circular incluso entre jueces de la propia CFA.

Un estudio genético de 2007 no ayudó a calmar las dudas: encontró que el Singapura es prácticamente indistinguible, a nivel de ADN, del gato Burmés americano, lo que encaja con la teoría de que la raza naciera de cruces entre Abisinio y Burmés más que de una población callejera aislada. Aun así, cuando la CFA investigó formalmente el caso en 1990, no encontró pruebas suficientes de mala praxis y mantuvo al Singapura clasificado como raza natural, estatus que conserva hoy. La historia oficial de una raza y lo que confirma después la genética, ya se ve, no siempre coinciden.

Carácter y personalidad

Lo que nadie discute es su personalidad. El Singapura es curioso hasta la exageración y juguetón durante toda su vida adulta, y se apega mucho a las personas con las que convive: busca estar donde está la acción, se sube a un hombro con cualquier excusa y suele acabar durmiendo literalmente encima de alguien en cuanto se siente cómodo. Maúlla con frecuencia y sin motivo aparente, aunque su voz es suave y poco molesta, casi un susurro si se compara con lo vocal que puede llegar a ser un gato siamés. Se lleva bien con niños y con otros gatos, y también suele tolerar a los perros si la presentación se hace con calma. Lo que peor lleva es quedarse solo muchas horas seguidas: es una raza que busca compañía de forma activa, no un gato que se conforma con mirar desde el sofá.

Cuidados que necesita

El pelaje corto y pegado del Singapura apenas suelta pelo, así que con un cepillado semanal basta para mantenerlo brillante y retirar el pelo muerto. No necesita baños frecuentes ni cortes especiales de ningún tipo. Donde sí conviene prestar atención es en la alimentación: por su tamaño reducido, es fácil pasarse con las raciones sin darse cuenta, y un Singapura con sobrepeso pierde justamente lo que lo hace especial. Conviene pesarlo de vez en cuando y ajustar la comida a su nivel de actividad, que suele ser alto: son gatos que trepan, saltan y necesitan rascadores y estructuras verticales por las que moverse para gastar energía a diario.

En cuanto a salud, hay dos asuntos que merece la pena comentar con el veterinario antes de adoptar. El primero es la deficiencia de piruvato quinasa (PKD), una enfermedad genética que afecta a los glóbulos rojos y puede provocar anemia hemolítica; existe un test genético que permite detectarla en los reproductores. El segundo es la baja diversidad genética de la raza, consecuencia directa de haber partido de un puñado de ejemplares fundadores, lo que hace todavía más importante elegir un criador serio que realice las pruebas de salud correspondientes antes de vender un cachorro.

Salud y esperanza de vida

A pesar de su tamaño diminuto, el Singapura no es un gato frágil. Su esperanza de vida ronda los 11 a 15 años, con casos documentados de ejemplares que han llegado a los 18, una cifra alta dentro del mundo felino. Algunas hembras de la raza tienen partos complicados por inercia uterina, un problema presente ya en los gatos fundadores, y pueden acabar necesitando cesárea, algo que los criadores tienen en cuenta al planificar las camadas. Fuera de esto y de la vigilancia periódica de la PKD, es una raza que suele llegar sana a la vejez.

¿Es la raza ideal para ti?

El Singapura encaja bien en casas donde va a tener compañía casi todo el día: familias, pisos con varias personas o convivencia con otro gato, porque la soledad prolongada es justo lo que peor lleva. Si buscas un gato pequeño y de mantenimiento sencillo, que apenas suelte pelo y que además sea activo y sociable, es de las razas que mejor reúne todo eso a la vez. No es la mejor opción si pasas muchas horas fuera de casa y el gato se va a quedar solo, ni si buscas un animal independiente y poco demandante, porque el Singapura pide atención con frecuencia. Si todavía dudas entre esta raza y otras de tamaño o carácter parecido, el comparador de razas de la web permite poner al Singapura junto a otras razas peculiares por su tamaño o estructura corporal, como el Munchkin y sus patas cortas, para decidir con más datos cuál encaja mejor con tu rutina diaria.