Hay una estadística que sorprende a casi todo el mundo: según un estudio de búsquedas en Google que analizó las tendencias en 177 países entre 2022 y 2023, el gato Oriental de Pelo Corto fue la raza más buscada en 41 de ellos, justo por detrás del Maine Coon, que lideró en 81. Es la segunda raza de gato más buscada del planeta y, aun así, casi nadie la reconoce por su nombre fuera de los círculos felinos. Tiene el cuerpo tubular, las orejas descomunales y un carácter que recuerda más a un perro que a un gato, todo eso envuelto en un pelaje cortísimo que puede lucir casi cualquier color imaginable.
Origen y aspecto físico
El Oriental de Pelo Corto nace en el Reino Unido en los años 50. Tras la Segunda Guerra Mundial, los pocos criadores que quedaban en el país tenían censos de gatos muy reducidos y ganas de experimentar con lo que tenían a mano. A un grupo de ellos les fascinaba el cuerpo estilizado del gato Siamés, pero querían liberarlo de una limitación: el patrón de color restringido a la cara, las orejas, las patas y la cola, siempre unido a los ojos azules. Para conseguirlo cruzaron Siameses con Abisinios, Azules Rusos y otros gatos de pelo corto, y después retrocruzaron esas camadas con Siameses para fijar el cuerpo, la cabeza en cuña y las orejas grandes sin perder el color sólido. Los primeros resultados fueron un marrón chocolate y un lila suave, y desde ahí el abanico de colores no ha dejado de crecer.
El desarrollo de la raza como tal se consolidó en Estados Unidos durante los años 70, de la mano de criadores neoyorquinos como Vicky y Peter Markstein, que fundaron el club Oriental Shorthairs International en 1973. La Cat Fanciers' Association empezó a registrar la raza en 1974 y le concedió estatus de campeonato en 1977; el patrón bicolor se sumó en 1985, y en 1988 se aceptó también la variedad de pelo largo, que alcanzaría el campeonato en 1995 y unificó el nombre de la raza simplemente como Oriental. En el Reino Unido, cuna original de estos gatos, el reconocimiento formal por parte del Governing Council of the Cat Fancy no llegó hasta 1997, más tarde incluso que en Estados Unidos.
Físicamente es, en la práctica, un Siamés sin el patrón de color: cuerpo tubular, largo y musculoso, cabeza en forma de cuña con un perfil recto, y unas orejas grandes que parecen continuar las líneas del triángulo de la cara. Los ojos son almendrados y, salvo en los ejemplares blancos, casi siempre de un verde intenso. La cola es fina, larga y termina en punta, como un látigo. Los machos suelen pesar entre 3,5 y 5,5 kilos, y las hembras se quedan por debajo de esa franja: es una raza que impresiona más por su silueta estilizada que por su volumen.
El color es lo que de verdad distingue a esta raza. La CFA reconoce más de 300 combinaciones de color y patrón dentro del Oriental, entre sólidos, atigrados en sus distintas variantes, tortoiseshell, ahumados, sombreados y bicolores: pocas razas felinas ofrecen tanta variedad cromática.
Carácter y personalidad
Quien convive con un Oriental suele describirlo con una sola palabra: perruno. No es un gato que se conforme con mirar desde lejos, quiere estar donde tú estés, sentado sobre el teclado del ordenador, metido en la caja que acabas de abrir o encaramado a tu hombro para supervisar lo que cocinas. Es muy inteligente y curioso, aprende trucos con facilidad y disfruta de juguetes interactivos y comederos con puzzle que le obliguen a pensar.
También es vocal, heredero directo de la locuacidad del Siamés, aunque muchos dueños describen su voz como más ronca y menos estridente, casi un graznido particular con el que comenta cada cosa que pasa en casa. No es un gato para dejar solo largas jornadas: se apega mucho a su familia, puede sufrir ansiedad por separación y agradece la compañía de otro gato, idealmente otro Oriental o un Siamés con el que compartir energía.
Se mantiene activo hasta bien entrada la edad adulta, le encantan las alturas y necesita estímulo mental constante. Un Oriental aburrido puede desarrollar comportamientos compulsivos, así que el juego diario debería formar parte fija de su rutina.
Cuidados que necesita
El pelaje corto y pegado al cuerpo es, por suerte, la parte más sencilla de cuidar en esta raza: un cepillado semanal basta para retirar el pelo muerto y mantener el brillo natural del manto, y no hacen falta baños frecuentes ni cuidados especiales de piel. Sí conviene revisar sus orejas grandes con cierta regularidad, porque acumulan cera con facilidad y son algo más propensas a infecciones si no se limpian de vez en cuando.
El cuidado que de verdad importa en el Oriental es el mental y el social. Necesita estimulación diaria: rascadores altos, estanterías o árboles para trepar, sesiones de juego con caña y ratón, y compañía humana real, no solo comida y un cojín. Si vas a pasar muchas horas fuera de casa, plantéate adoptar dos gatos en lugar de uno, porque un Oriental solo y aburrido tiende a buscar consuelo mordisqueando telas, plástico o cualquier objeto que tenga a mano, un comportamiento conocido como pica que aparece con cierta frecuencia en esta familia de razas.
En cuanto a alimentación, no exige una dieta especial más allá de un pienso o comida húmeda de calidad ajustada a su nivel de actividad, que suele ser alto. Vigilar el peso es sencillo porque su complexión delgada hace que cualquier kilo de más se note enseguida.
Salud y esperanza de vida
En general, el Oriental de Pelo Corto es una raza sana, con una esperanza de vida que suele situarse entre los 12 y los 15 años, y no es raro que un gato bien cuidado llegue bien entrada esa franja o incluso la supere.
Como pariente cercano del Siamés, comparte algunas de sus predisposiciones hereditarias. La más seria es la amiloidosis hepática, una acumulación anómala de proteínas en el hígado que puede afectar a las razas de esta línea genética; todavía no existe una prueba genética que la detecte con antelación, así que el seguimiento veterinario regular es la mejor herramienta de prevención. También puede aparecer atrofia progresiva de retina, un trastorno hereditario que deteriora la visión poco a poco y para el que sí hay pruebas genéticas que ayudan a los criadores responsables a reducir el riesgo en las camadas. La tendencia a la pica que mencionábamos antes tiene también su parte de salud, porque morder objetos no comestibles puede acabar en una obstrucción intestinal si no se corrige a tiempo.
Los ejemplares blancos merecen una mención aparte: cuando llevan el gen de ojos azules propio de la línea Siamesa, no es el mismo gen blanco dominante que causa sordera en otras razas, aunque conviene comprobar la audición de cualquier gato blanco de ojos claros dentro de las revisiones veterinarias habituales.
Oriental de pelo corto vs. Siamés: en qué se diferencian
Genéticamente, Oriental y Siamés son casi la misma raza contada de dos maneras distintas. Comparten el mismo estándar de cuerpo, cabeza y orejas, y proceden del mismo tronco felino que los criadores británicos moldearon a su manera. La diferencia real está en un solo gen: el que restringe el color a las zonas más frías del cuerpo, cara, orejas, patas y cola, y que va siempre unido a los ojos azules. El Siamés lo lleva, el Oriental no.
Ese mismo gen, cuando aparece sobre un cuerpo de Persa en lugar de uno oriental, da lugar a otro cruce conocido: el Himalayo. El propio Oriental también ha servido de base para crear razas más recientes: el Serengeti nace de cruzar un Bengalí con un Oriental de Pelo Corto para lograr ese aire de felino salvaje en miniatura.
En el día a día, ambas razas comparten personalidad: sociables, vocales e inteligentes. Se dice que el Oriental es algo menos ruidoso que el Siamés, aunque cualquiera que haya convivido con uno sabe que silencioso no es precisamente la palabra que lo define.
¿Es la raza ideal para ti?
El Oriental de Pelo Corto encaja con personas que buscan un compañero muy presente, casi tanto como un perro pequeño: alguien que quiera un gato que participe en la vida de la casa, que hable, que reclame brazos y que se implique con curiosidad en cada tarea doméstica. No es la raza adecuada si buscas un gato independiente al que ver poco, ni si pasas largas jornadas fuera sin nadie que le haga compañía.
Si tienes tiempo para jugar a diario, te gusta la idea de un gato conversador y no te importa que tu casa acabe con marcas de garras en las estanterías más altas, el Oriental puede convertirse en un compañero inseparable. Y si te enamora su elegancia pero no te decides por el color, tienes más de 300 combinaciones entre las que elegir.